Postitulo en Periodismo y Comunicación

Escuela de Comunicación Social

Facultad de Ciencia Política y RRII

Universidad Nacional de Rosario

Redacción II

Práctico Grupal: Análisis de Operación Masacre según conceptuales del Nuevo Periodismo, Albert Chillón, Elinor Ochs y Tomás Eloy Martínez

 

 Integrantes:  Callegari, Triana; Carrara, Marcia; Navarro, Natalia; Núñez, Alberto.

 

1) Biografía de Rodolfo Walsh *

Ocurrió un tibio de de 1927. El 9 de enero nació Rodolfo Jorge Walsh en la antigua Colonia Nueva del Pueblo de la isla de Choele-Choel, que en 1942 fue rebautizada como Lamarque, en el Valle Medio de Río Negro. A los 10 años, en 1937, cuando comenzaba el irremediable movimiento telúrico de la emigración del campo a las ciudades, cuando la pobreza golpeaba con fuerza sobre los Walsh, Rodolfo fue internado en un colegio de monjas irlandesas en Capilla  del Señor, Provincia de Buenos Aires. Un año después, recaló  en un instituto de Moreno, perteneciente a la Orden de los Palotinos, donde cursó desde cuarto a sexto grado y egresó en 1940.

Hacia 1944, con apenas 17 años, comenzó a trabajar en la Editorial Hachette durante tres años, como traductor, corrector y antólogo. El periodismo se acercó a su   con la misma intensidad que la literatura. En 1945 se asomó al mundo de la política por la Alianza  Libertadora Nacionalista (ALN), un grupo nacionalista  de derecha violenta  opuesto al gobierno del general Agustín Pedro Justo. Pero, al poco tiempo Walsh se descontentó con la organización y sus líderes.

A los 20 años publicó sus primeros textos periodísticos, en su mayoría  sobre temas  de interés general y de cultura. Hacia 1950, Walsh  cursó algunas materias de la carrera de Letras en la Facultad de Humanidades de La Plata. A partir de 1951, comenzó a publicar cuentos en las revistas Vea y Lea y Leoplán. Para, 1953, se desvinculó de la ALN, de la que luego dijo que “fue la mejor creación  del nazismo en la Argentina”.

La relación de Walsh con el peronismo fue  tan compleja, tan entramada en pasiones personales, profesionales como lo fue la relación de su literatura con la política. En 1955, se mostró a favor de la Revolución Libertadora. Pero un altercado con la Marina, por una de  notas publicadas en homenaje a tres aviadores (uno de los cuales era peronista), produjo un cambio que se verá reflejado en Operación Masacre.

La investigación profunda y clandestina de los asesinatos llevados a  cabo por el régimen militar  del general Pedro Eugenio Aramburu,  entre el 9 y el 12 de Junio de 1956 en distintos puntos del país para reprimir el levantamiento peronista comandado por Juan José Valle, marcó un de inflexión  en Walsh. Fue el momento en el que  dejó de jugar al ajedrez (una de sus pasiones) y volvió a acercarse a la política no como un miliciano sino como un ofendido en lo más profundo  de su conciencia  y su corazón por la represión brutal, ilegal.

A mediados de 1958, no abandonará jamás el emprendido con Operación Masacre.  Comenzó la investigación del asesinato de Marcos Satanowsky, abogado del dueño del diario La Razón, a de matones de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), que fue publicada por entregas en la revista Mayoría y años más tarde, en 1973, como libro.

Fue tal vez a comienzos de  1959  cuando su amigo, el periodista Jorge Masetti, lo convenció de partir para Cuba para integrar recién creada  agencia Prensa Latina, que Walsh no lo pensó.  Como ocurrió con la investigación de los fusilamientos, el hacia el corazón de la primera Revolución antiimperialista  latinoamericana terminó de cambiar el curso de su vida.

De regreso a la Argentina trabajó en Primera Plana y Panorama. Al promediar los 60, confesó ser un hombre de izquierda. Poco después de la muerte del Che Guevara en Bolivia, el 8 de octubre de 1967, escribió sus últimos textos de ficción y se metió de lleno en la militancia política y sindical.  Ya durante la dictadura de Onganía, en 1968, fundó el semanario peronista de la CGT de los Argentinos, que se publicaba clandestinamente. A principios de los 70, Walsh comenzó a relacionarse con Montoneros, y en 1973 ya era un importante oficial de esa organización armada.

En 1974 comenzaron las diferencias de Rodolfo Walsh con la organización Montoneros, a partir del pase a la clandestinidad. Por entonces, ya dejado constancia  de sus diferencias con la cúpula de Montoneros. Insistió en la necesidad de replegarse, de preservar la integridad de los militantes,  de desmilitarizar la política de la organización. No fue escuchado, pero creía que su deber permanecer en esa trinchera que había elegido para luchar por su ideas. En 1976, comenzó la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Desde el seno de Montoneros, Walsh hizo lo suyo: fundó la Agencia de Noticias Clandestinas, con el objetivo de romper la  férrea censura que imponía el Estado terrorista.

Hizo una apuesta el 9 de enero de 1977, cuando cumplía medio siglo. Que antes del 24 de marzo, primer aniversario del golpe, terminaría de escribir la Carta de un escritor a la Junta Militar. Y cumplió. Fue la primera noticia  que tuvo el mundo sobre la masividad de los asesinatos. Un día después de fechada la carta, cuando despachaba copias para enviarlas  a diarios y agencias nacionales y extranjeras, fue emboscado en la vía pública, por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) que le dio la orden de rendición. Estaba armado, alcanzó a herir a un mimbro de la patota,  se resistió y luego lo partió una ráfaga de ametralladora.

Afortunadamente la historia supo registrar que el arma más poderosa de Rodolfo Walsh no fue la que utilizó para batirse a duelo con sus captores, sino la que acababa de despachar en un buzón. Como lo expresa la ultima frase de ese texto desesperado, murió “sin la esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en tiempos difíciles”. En esta lucha, Walsh supo hacer de la palabra la mejor de sus armas.

(*) Texto adaptado a partir de Rodolfo Walsh. La palabra no se rinde (SEONE, 2007: pp  6-39)

2) Resumen de la obra “Operación Masacre”.

La obra se divide en:

  • Prólogo: cuenta cómo se entera de la existencia de los sobrevivientes y los primeros pasos de la investigación
  • Primera parte: LOS PERSONAJES: presentación de los personajes que serán fusilados y su entorno.
  • Segunda parte: LOS HECHOS: narra cómo se llevaron a cada uno de los hombres del departamento, el traslado a la Unidad regional de San Martín, el traslado al lugar de fusilamiento, las conversaciones entre los presos y sus sentimientos, el fusilamiento propiamente dicho y el modo en que se salvaron los que pudieron lograrlo.
  • Tercera parte: LA EVIDENCIA: reproducción del expediente formado por la denuncia de Livraga, las declaraciones de los implicados, víctimas y victimarios y el fallo final.

Resumen de cada capitulo:

Las Personas:

Así titula la primera parte del libro, allí pinta de cuerpo y alma a cada uno de los protagonistas de los hechos en unas pocas páginas. Y va deslizando los datos que, sobre estas personas, pudo obtener de su investigación, matizando con algunas presunciones o dudas sobre otros que no consiguió. Todos personajes de carne y hueso, reales, cercanos, como cualquiera de nosotros. Todos van hacia un destino trágico. Por ejemplo, cuando Carranza pasa a buscar a Garibotti:

Juan Carlos Torres es el anfitrión de la casa del fondo, aquella a la que llegará la policía en breve. Torres estaba involucrado en la conspiración, su amigo Gavino también, pero el resto no.

Los hechos

La segunda parte es la más fuerte y vertiginosa. La policía hace su ingreso y las cosas se precipitan. Muy lejos de allí, el alzamiento de los generales Valle y Tanco ya es un hecho. En Campo de Mayo y Avellaneda, los intentos son rápidamente sofocados y seis de los rebeldes son sumariados y fusilados. En La Plata la cosa se pondría mucho más peluda, con un saldo de cien mil tiros, seis muertos y una veintena de heridos. Prácticamente la totalidad del país duerme como si nada y se enterará de lo ocurrido recién al día siguiente
Los integrantes de la reunión en la casa de Torres, más los vecinos de la casa de adelante y tres infortunados transeúntes, son trasladados en un colectivo de la línea 19 requisado para tal fin. Luego de pasada la media noche, se promulga la ley marcial:
Poco después se suman dos detenidos más: Troxler y Benavídez llaman a la puerta de la casa de Torres, para sumarse a la reunión o tal vez a buscar a un amigo. Julio Troxler conoce al sargento que se encuentra en la casa y al comisario de la seccional a la que los trasladan, quien le dice:
Los detenidos pasan horas dentro de la comisaría, lógicamente nerviosos por la situación, unos más y otros menos. Pero nadie prevé el trágico final. Son interrogados individualmente, les preguntan por la revolución, la mayoría no tiene idea y responde en consecuencia. Vuelven a esperar, tienen frío, tienen sueño. Empiezan a llamarlos de nuevo, les sacan las pertenencias a cambio de un recibo (prueba fundamental de la investigación). Presumen, con razón, que no van a soltarlos esa noche. Luego, el Teniente Coronel Fernandez Suarez da la orden de fusilamiento a las 4.45 del 10 de junio, y los oficiales los trasladan al basural de León Suarez para ejecutar la ordenanza. En el momento en que se va a proceder la ejecución, algunos corren, otros se tiran al piso; algunos mueren, otros no. El autor hace una espectacular descripción del momento de los tiros de gracia, y de las sensaciones de aquellos que sobrevivieron al fusilamiento.

La Evidencia

En la tercera, y última, parte del libro, Walsh da cuenta de la evidencia con la que sostiene la tesis de “Masacre” y “Asesinato”: “(…) que se detuvo a un grupo de hombres antes de entrar en vigencia la ley marcial; que no se les instruyó proceso; no se averiguó quiénes eran; no se les dictó sentencia; y se los masacró en un descampado”.

Personajes más importantes

_Nicolás CARRANZA (fusilado fallecido): peronista, 6 hijos, aunque no está casado, visita y convive con su mujer sin continuidad, ferroviario, de figura maciza, bajo, rostro firme, temeroso.

_Carlos LISAZO (fusilado fallecido) 21 años, alto, delgado, pálido, retraído, juega ajedrez

_Mario BRION (fusilado fallecido) 33 años, estructura mediana, rubio, incipiente calvicie, bigotes, serio y trabajador, oficinista, estudia inglés, perito mercantil, casado, un hijo, amante de la lectura, no fuma, no bebe, alegre, amable, tímido.

_Vicente Damián RODRIGUEZ (fusilado fallecido) 35 años, cargador de bolsas en el puerto, casado, 3 hijos, peronista, comunicativo.

_Francisco GARIBOTTI: (fusilado fallecido) alto, musculoso, de cara cuadrada y enérgica, ojos hostiles, bigote fino, 38 años, casado, 6 hijos, peronista, toca la guitarra.

_Horacio DI CHIANO: (fusilado sobreviviente) pequeño de estatura, moreno, bigotes, anteojos, 50 años, electricista

_Rogelio DIAZ: (fusilado sobreviviente) sargento sastre, suboficial (RE) de la Marina, casado, 2 ó 3 hijos, corpulento, santiagueño, muy moreno, alegre, conversador.

_Miguel Angel GIUNTA (fusilado sobreviviente) 30 años., alto, atildado, rubio, mirada clara, expresivo, irónico, casado, vendedor, empleado en una zapatería

_Norberto GAVINO (fusilado sobreviviente) 40 años, estructura mediana, fue suboficial de Gendarmería, vendedor de terrenos. Su esposa es encarcelada como rehén a cambio de que él se entregue. Prófugo.

_Juan Carlos LIVRAGA (fusilado sobreviviente) flaco, estatura mediana, ojos pardos verdosos, cabello castaño, bigotes, 23 años, colectivero. Se salvó en el momento del fusilamiento por haberse tirado hacia un costado pero, mientras los represores buscaban sobrevivientes para darles el tiro de gracia, fue herido en la cara y el brazo

_Julio TROXLER (fusilado sobreviviente) alto, atlético, 29 años, peronista, parco, reflexivo, policía. Lo apresaron después del allanamiento al departamento. No llegó a ser fusilado por saltar del camión y huir.

_Reinaldo BENAVIDEZ: (fusilado sobreviviente) 30 años, estatura mediana, rostro franco y agradable, dueño de un almacén en Belgrano. Se salvó al saltar del camión junto a Troxler

_Rodolfo GUTIERREZ MORENO: Oficial a cargo de la Unidad Regional de San Martín donde llevaron a los futuros fusilados. Inspector Mayor, hombre imponente y duro

_Juan Carlos TORRES: Lleva dos o tres vidas diferentes. Para el dueño de la casa es un simple inquilino cumplidor; para los vecinos, un muchacho tranquilo; para la policía un individuo peligroso y escurridizo. Cabellos negros, nariz aguileña, ojos oscuros. Logra salvarse porque al ingresar la policía al departamento, salta el tapial y huye.

_Desiderio A. FERNANDEZ SUAREZ: Teniente Coronel a cargo del allanamiento y quien dá la orden de ejecución, hombre violento. Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

_General TANCO y General VALLE: si bien no aparecen en ningún momento en el relato, salvo cuando los policías ingresan en el departamento y preguntan por Tanco, son, en cierto modo, protagonistas de este hecho, ya que eran los encargados de dar el golpe para desestabilizar al gobierno de facto.

3) Análisis  según ejes conceptuales del Nuevo Periodismo, Albert Chillón, Elinor Ochs y Tomás Eloy Martínez

Nuevo Periodismo

La obra Operación Masacre pertenece al género nuevo periodismo ya que cumple con los siguientes requisitos:

-Investigación: Walsh sale a la calle, procura estar en el lugar de los hechos para recavar la mayor cantidad de información posible. Ya desde el prólogo relata el proceso vivido desde la frase disparadora de su investigación: “hay un fusilado que vive”; pasando por el contacto con las víctimas que sobreviven, hasta el relato de sus propias dificultades que tuvo que pasar para contar la historia: “Ahora, durante casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa en el Tigre, durante dos meses viviré en un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver, y a cada momento las figuras del drama volverán obsesivamente” (WALSH, 1957: p 19)

– Utilización de diálogos de gran realismo

“Los prisioneros reciben orden de subir al camión. Todavía alguno vuelve a preguntar:
–¿Adonde nos llevan?
–Quédense tranquilos –llega la artera respuesta–. Los trasladamos a La Plata.
Ya casi han subido todos. En ese momento sucede una escena curiosa. Es Cuello, que en un brusco impulso grita:
–¡Señor Giunta!
Giunta se da vuelta, sorprendido, y camina hacia él.
Ahora hay casi un acento de súplica en la voz baja y reconcentrada de Cuello.
–Pero, señor Giunta… –mueve un poco los brazos, con las manos crispadas–, pero usted ¿estaba en esa casa? ¿Realmente estaba?
Giunta comprende en un relámpago que le está pidiendo que diga que no. Apenas una sílaba para soltarlo, para arreglar su situación de cualquier manera. La cara de Cuello le sorprende: tensa, los ojos un poco extraviados, un músculo incontrolable palpitándole en una mejilla (“Él sabía que yo era inocente. Le daba pecado mandarme a morir”, dirá más tarde Giunta en su gráfico lenguaje).
Pero Giunta no puede mentir. Mejor dicho: no sabe por qué tiene que mentir.
–Sí, yo estaba.
El policía se lleva la mano a la cabeza. Es un gesto que dura una fracción de segundo. Pero es extraño… Después recobra el dominio de sus nervios.
–Está bien –dice secamente–. Vaya”
(WALSH, 1957: pp. 84-85)
– Descripciones muy significativas:

“Alzó la cabeza y vio el campo todo blanco. En el horizonte se divisaba un árbol aislado. Nueve meses más tarde comprobó con sorpresa que no era un solo árbol, sino el ramaje de varios, cortado por una ondulación del terreno, que producía esa ilusión óptica. Incidentalmente, el detalle probó a quién esto escribe-por si alguna duda me quedaba- que don Horacio había estado allí. El único sitio desde donde se observa ese extraño espejismo, es el escenario del fusilamiento”. (WALSH, 1957: p. 104).

-El periodista asume mayor protagonismo, ya que da su visión personal de los acontecimientos y de la forma mas objetiva posible. Por ejemplo, Walsh mismo se hace cargo de verificar, en el libro de locutores de Radio Nacional, el horario en que fue pronunciada la ley Marcial. “Existieron pues esas personas, y entre ellas estaba Livraga. Pero yo he afirmado que él  [por el Coronel Fernández Suárez]  detuvo a esos hombres  antes de entrará  en vigencia la ley marcial. Y para determinar la hora en que se promulgó, no me he limitado a consultar los diarios del 10 de junio de 1956, que unánimes, informan que se anunció a las 0.30 de ese día. He ido mas lejos, he buscado el libro de locutores de Radio del Estado y lo he fotocopiado para probar al minuto que la ley Marcial se hizo pública a las 0.32 del 10 de junio” (WALSH, 1957: p. 136).

Albert Chillón

Chillón, en su obra, considera que toda enunciación esta cruzada por algún grado de ficción. Es por eso que consideramos que Operación Masacre es un texto facticio o de ficción tácita de carácter documental porque su cuota de ficción se encuentra reducida al mínimo, y tiene un alto grado de veracidad y de verificabilidad. “Es un combate corto y violento, que desde la segunda vuelta queda prácticamente definido. En total, dura menos de diez minutos. Al promediar el tercer round, el campeón derriba a Loayza por toda la cuenta. El dueño de casa y Giunta se miraron con una sonrisa de satisfacción. Giunta tomaba una copa de ginebra y se disponía a marcharse. Desde el dormitorio, la señora Pilar pidió a su esposo una bolsa de agua caliente. Don Horacio fue a la cocina, llenó la bolsa y regresaba con ella cuando se oyeron violentos golpes a la puerta” (WALSH, 1957: p. 57  )

Estas técnicas  documentales utilizadas por Walsh, son propias del periodismo de investigación. Se evidencia aquí un ejercicio de la observación minuciosamente descriptivo, característica de la crónica. Hay múltiples testimonios de los diferentes personajes, que dan al lector información del contexto (tiempo y espacio), que permiten atar cabos sueltos de la historia y que se complementan con las consideraciones del autor.

Esta insistencia en la verificación de los hechos relatados, tienen que ver con la intención de Walsh de presentar su “verdad” sobre los mismos, a partir de una reconstrucción apoyada en los documentos y pruebas recolectadas.

Elinor Ochs

Para Elinor Ochs los relatos cuentan sucesos dignos de mención. En el caso de Operación Masacre, los hechos que valen la pena ser narrados son los fusilamientos clandestinos de un grupo de civiles en los basurales de la localidad bonaerense de José León Suárez, el 10 de junio de 1956. Dicho operativo se da dentro de las represalias llevadas a cabo contra los generales Tanco y Valle  que se levantaron contra el gobierno militar que había derrocado a Perón en septiembre del año anterior. De ese suceso, unos pocos lograron escapar de la muerte y sobrevivir para contarlo.

A su vez, este suceso perturba el equilibrio de las circunstancias ordinarias y esperadas. Desde la asunción de la autodenominada “Revolución Libertadora”, el régimen liderado por Aramburu había impuesto la anulación de la Constitución de 1949 (que daba rango constitucional a los derechos económicos y sociales), el decreto que  impedía nombrar a Perón, a Evita y a todo vocabulario o expresión vinculados al peronismo, entre otras prohibiciones. En ese contexto, la existencia de miles de presos políticos y la censura se iba tornando “normal”; por eso, la rebelión iniciada por los generales peronistas con el apoyo de los militantes que resistían en la clandestinidad, venía a romper la supuesta calma que quería imponer el régimen.

Así, la trama narrativa  entrelaza sucesos y emociones: Sobre los cuerpos tendidos en el basural, a la luz de los faros donde hierve el humo acre de la pólvora, flotan algunos gemidos. Un nuevo crepitar de balazos parece concluir con ellos. Pero de pronto Livraga, que sigue inmóvil e inadvertido en el lugar en que cayó, escucha la voz desgarradora de su amigo Rodríguez, que dice: –¡Mátenme! ¡No me dejen así! ¡Mátenme! Y ahora sí, tienen piedad de él y lo ultiman” (WALSH, 1957: p. 94)

 También se observa, la intención de evaluar  moralmente un hecho. Aquí, lo que Walsh reprueba y condena es el accionar represivo del las Fuerzas Armadas, por una parte porque se trataba de un gobierno no democrático, y por otra, porque no cumplían ni siquiera las leyes que ellos mismos decretaban (por ejemplo, las victimas fueron  secuestrados cuando la Ley Marcial no había sido promulgada; pero aunque así hubiese sido, fueron fusilados sin sometimiento a juicio y sin derecho a la defensa)

Esta obra no solo es una excelente novela literaria, sino un documento histórico que prueba y nos permite reflexionar  sobre  la brutalidad que tuvo el régimen militar de 1955 y que será un prologo de la gran tragedia argentina, la represión que se repetirá en sucesivos golpes hasta terminar en la sangrienta dictadura del 1976.

Tomás Eloy Martínez

Este autor considera, en Ficciones verdaderas, que uno de los deseos centrales del narrador  es corregir la realidad, disentir de ella, transfigurarla. Pero para que esta “corrección” tenga sentido, es necesario una realidad previa que ejerza gravedad sobre la imaginación del narrador: una experiencia, algo que lo excita, que lo saca de quicio.  En Operación Masacre, Walsh interviene para esclarecer una serie de crímenes cometidos por un gobierno militar; es decir, busca la verdad, en un contexto en el que la mentira y la muerte se traducen en censura y represión. Desafía las restricciones a la libertad de prensa y se auto delega el derecho, que había sido vedado, a ejercer un periodismo libre.  El proceso  de investigación se da en un Walsh que aun era antiperonista, identificado con el nacionalismo popular que lo impulsaba a defender la nacionalización de la economía, la participación del Estado, la distribución de la riqueza, y el enfrentamiento de Perón con la Iglesia. “Solo por eso me haría peronista” decía en aquel entonces. Faltaba algo para que terminara de acercase a la política. “¿Qué faltaba? Que Walsh se sintiera “insultado” porque millones eran dejados sin voz, sin líderes, sin derechos y, además, que todo el poder del Estado se usara para asesinar sin ley ni piedad ¿Qué faltaba? Faltaba el 9 de junio de 1956” (SEOANE, 2007: p. 22).  Luego reconocerá que “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndolo, comprendí que, además de mis perplejidades intimas existía un amenazante mundo exterior”

Toda escritura es un pacto con el lector. En el periodismo ese pacto está determinado por el lugar de la verdad. En otro de sus textos, El periodismo vuelve a contar historias, el autor dice en consonancia con esto, que de todas las vocaciones humanas, el periodismo  es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas; su llama sagrada es la duda; donde los documentos instalan una certeza, el periodismo instala una pregunta.

El minucioso trabajo de búsqueda de testigo, de descubrimiento de los hechos, comprobados con evidencia, dan cuenta que la verdad es el eje que mueve este trabajo. Walsh avanza hacia esa verdad, dudando, verificando, interrogando: Si se me pregunta por qué hablo ahora, habiendo callado como periodista cuando otros no lo hicieron –si bien jamás escribí una sola palabra firmada o anónima en elogio del peronismo, ni por otra parte me encontré con un caso de atrocidad comparable a éste–, diré con toda honradez: he aprendido la lección. Pero ahora son mis maestros los que callan. Durante varios meses he presenciado el silencio voluntario de toda la “prensa seria” en torno a esta execrable matanza y he sentido vergüenza. Se dirá también que el fusilamiento de José León Suárez fue un episodio aislado, de importancia más bien anecdótica. Creo lo contrario. Fue la perfecta culminación de un sistema. Algún día se escribirá, completa, la trágica historia de las matanzas de junio. Entonces se verá cómo el asombro rebasa nuestras fronteras” (WALSH, 1957: p. 194)

En toda ficción verdadera, dice Tomas Eloy Martínez, hay una mutua complicidad entre el autor y el lector, un diálogo de iguales. El lector se reconoce en las experiencias que le ofrece el autor porque las reconoce como propias o como el eco de algo propio. En el caso de Operación Masacre, Walsh recrea detalladamente a través de este suceso, la vida durante la proscripción del peronismo. Pero no solo la descripción permite identificarnos con la historia, sino el lenguaje. Sencillo y claro pero a la vez profundo y detallista, marca que da cuenta de sus andanzas entre el periodismo y la literatura.