Trabajo Práctico Nº4 – Obras y Grupos

Integranes: Robles, Ariana – Trigo, Antonella

Biografía del autor:

Rodolfo J. Walsh, descendiente de irlandeses, nació en 1927 en la localidad de Choele-Choel, en la  provincia de Río Negro.

Fue escritor, periodista, traductor y asesor de colecciones. Además, militó en la Alianza Libertadora Nacionalista, una organización ligada al peronismo, y luego integró las organizaciones guerrilleras: Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y Montoneros.

En 1941, llegó a Buenos Aires para realizar sus estudios secundarios. Completados estos, comenzó a estudiar filosofía y letras pero abandonó para emplearse en los más diversos oficios, obrero, lavacopas, vendedor de antigüedades. A los 17, había comenzado a trabajar como corrector en una editorial, origen de su oficio de periodista, en el que posteriormente se destacó.

Ya en Buenos Aires, y luego de trabajar como corrector de pruebas y traductor, publicó Diez cuentos policiales argentinos, la primera recopilación de autores nacionales del género, y Variaciones en rojo (ambas de 1953, la última Premio Municipal de Literatura) y Antología del cuento extraño (1954).

La relación de Walsh con el peronismo siempre fue  tan compleja y pasional,  como lo fue la relación de su literatura con la política.

En 1951, comenzó a trabajar en las revistas Leoplán y Vea y Lea, y meses después de producidos los fusilamientos clandestinos en el basural de José León Suárez por órdenes del gobierno de la “Revolución Libertadora”, recibió la información de que había “un fusilado que vive”.

Luego de su encuentro con Juan Carlos Livraga, el sobreviviente de aquellos fusilamientos, aparece la primera edición del libro Operación Masacre, con el subtítulo “Un Proceso Que No Ha Sido Clausurado”, de Ediciones Sigla, una pieza única de investigación periodística precursora del “nuevo Periodismo” que 15 años después, en filmación clandestina y militante fue llevada al cine.

Su obra recorre especialmente el género policial, periodístico y testimonial, con celebradas obras como Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo?.

De este modo, y tal vez sin ser del todo consciente de su aporte, Walsh sentó en Argentina un precedente de lo que más tarde se conoció en Estados Unidos como “novela de no ficción”.

En El caso Stanowsky (1958), Walsh dirige su denuncia contra los más altos responsables de la llamada Revolución Libertadoraz.

Como en un buen relato policial, hay un cadáver, encubridores, cómplices, pistas falsas y la consiguiente investigación. Pero, a diferencia de la ficción del género policial, todo lo que se relata en el libro de Walsh está documentado, es verídico. El arte del autor consiste en volverlo verosímil, a través de los procedimientos propios de la literatura.

Por su parte, en los volúmenes de relatos Los oficios terrestres (1966) y Un kilo de oro (1967) Walsh demostró un talento singular para la construcción de cuentos de alta perfección formal.

Relacionado y vinculado siempre al sindicalismo de izquierda, Walsh resolvió no exiliarse y permanecer en la Argentina hasta que, apenas comenzada la escalada terrorista del golpe militar, fue sacado a la fuerza de su casa y llevado hacia una muerte casi segura.

Rodolfo Walsh fue uno de los más de treinta mil desaparecidos durante la dictadura militar de los años 1976-1983. Su desaparición, después de haber escrito una “Carta abierta a la Junta Militar”, influyó durante años la lectura de su obra. Pero cuando sus textos volvieron a estar libres de prohibiciones y censuras se comprobó que, junto a la figura del militante político, se erigía la de uno de los narradores más sólidos y dotados de la segunda mitad del siglo XX en Argentina.

Análisis de la obra:

Rodolfo Walsh fue, en nuestro país, quien inició el género de no ficción o nuevo periodismo. Hasta la publicación de Operación Masacre (1957), el primero de los textos que fue considerado un relato testimonial, Walsh se había dedicado a la escritura de relatos policiales, a la edición de antologías (tanto policiales como fantásticas) y a la labor periodística. Sin duda, sus destrezas como escritor de ficción, así como el conocimiento del oficio periodístico, se pusieron en juego en la invención de este nuevo género.

¿Quién mató a Rosendo? (1969) es un libro que narra el asesinato del dirigente sindical Rosendo García, ocurrido el 13 de mayo de 1966 en la confitería La Real del Avellaneda, donde se enfrentaron dos sectores opuestos del gremialismo peronista (CGT y Vandorismo) y que dejó como resultado tres muertos:

– Rosendo García, dirigente de los obreros metalúrgicos, a quien Walsh describe como un “simpático matón y capitalista del juego”.

– “El griego”, Domingo Blajaquis, un auténtico héroe de su clase.

– Juan Zalazar, un espejo de la desgracia obrera.

El relato de la historia lo realiza en base a las declaraciones de los sobrevivientes y, tal como lo anuncia Walsh al comienzo, lo superficial del libro es la muerte de Rosendo García; mientras que lo profundo del tema es mostrar el drama del sindicalismo peronista a partir de 1955 y va dirigido a los trabajadores del país.

¿Quién mató a Rosendo? se divide en 5 partes:

– Noticia preliminar.

– Primera Parte, titulada “Las personas y los hechos”, donde se cuenta la vida de las personas y el momento de la balacera.

– Segunda Parte, llamada “La evidencia”, allí el relato continúa incorporando los diálogos con el juez, la participación policial y las referencias a documentos judiciales, entre otros elementos probatorios.

– Tercera Parte,  “El vandorismo”, relacionada con los movimientos sindicales y con el surgimiento de los mismos.

– Epílogo del Editor, se relata lo que pasó con cada uno de los sobrevivientes.

La primera parte de ¿Quién mató a Rosendo? comprende once capítulos. Varios llevan por título el nombre de una de las personas presentes en el momento del hecho (“Raimundo”, “El Lobo”, “Rosendo”, “El Griego”, etc.), mientras que otros remiten al lugar para contextualizar el relato (“Avellaneda”, por ejemplo) o al acontecimiento propiamente dicho que da origen al texto (“El incidente” o “La bronca”).

Desde el punto de vista de la organización temporal de la narración, los cuatro primeros capítulos presentan a cuatro de las personas presentes en el hecho; en todos los casos, el relato se detiene en el mismo momento: la llegada de esa persona a la confitería La Real. El capítulo siguiente, “El incidente”, retoma el hilo narrativo temporal, ya que se presenta lo que sucedió en la confitería a continuación de lo narrado en los cuatro capítulos iniciales.

La edición de ¿Quién mató a Rosendo? inicia con una “Noticia preliminar” que funciona como prólogo del relato. A través de esa noticia, el lector conoce el hecho real que da origen al relato y algunas de las circunstancias relacionadas (quiénes murieron y quiénes sobrevivieron, por ejemplo). Además, conoce algunos pormenores relacionados con la investigación del caso, por ejemplo, la ayuda brindada por los sobrevivientes que aportaron información o las publicaciones de los primeros artículos.

En la “Noticia preliminar”, Rodolfo Walsh también expresa su propósito al escribir el libro. Cuando se refiere a los protagonistas del hecho, afirma: “Mi intención no era llevarlos ante una justicia en la que no creo, sino darles la oportunidad, puesto que se titulaban sindicalistas, de presentar su descargo en el periódico de los trabajadores”. Se trata, entonces, de una investigación que pretende dar a conocer la verdad sobre los hechos. En este sentido, subraya: “No hay una línea en esta investigación que no esté fundada en testimonios directos o en constancias del expediente judicial”.

Sin embargo, y dadas las características ficcionales del relato, el autor advierte: “Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya”. Sin duda, la narración del texto posibilita su lectura ficcional, como si fuera una novela. Pero, al mismo tiempo, la condición real de los hechos queda expresada en el prólogo, de manera que el lector no puede obviarla.

Análisis  según ejes conceptuales del Nuevo Periodismo, Albert Chillón, Elinor Ochs y Tomás Eloy Martínez

  • Nuevo Periodismo

La obra ¿Quien mató a Rosendo? pertenece al género nuevo periodismo ya que cumple con los siguientes requisitos:

-Investigación:

La investigación es una de las bases. Los periodistas deben manejar la mayor información posible, salir a la calle y  estar en el lugar de los hechos para sentir el palpitar de los involucrados. En este caso, Walsh funda todo su trabajo en testimonios directos o en constancias del expediente judicial. Es decir,  que como periodista asume mayor protagonismo, ya que da su visión personal de los acontecimientos y de la forma más objetiva posible.

– Lenguaje urbano y utilización de diálogos de gran realismo:

-Pero, ¿cómo van a hacer eso? -exclamó el cortador de pizza Carlos Sánchez al ver que los primeros baldazos caían sobre el piso ensangrentado de La Real. ¡No hay que tocar nada!

-¿Y tú que sabes? -dijo el patrón Hevia.

-Es que yo he sido policía militar en Paraguay. Los cepillos de goma y los trapos de piso quedaron en suspenso.

-Hombre -repuso Hevia-, si ya estuvieron ellos aquí, y no han dicho que no laváramos. Esta es la hora de la limpieza, así que a limpiar.

Sánchez de todas maneras llamó por teléfono.

-¿Podemos limpiar?

-Sí, claro -le respondieron de la comisaría.

Los mozos volvieron a su tarea. Recogieron vasos rotos, enderezaron mesas y sillas caídas, lanzaron nuevos baldes de agua sobre las manchas de sangre. En seis minutos la confitería quedó reluciente, como si no hubiera pasado nada.

-Así da gusto -suspiró Hevia.

En ese momento sonó el teléfono y una voz áspera gritó en el oído de Sánchez

-¡No toquen nada!

-¿Han visto? -dijo Sánchez.

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-Utilización de preguntas para guiar el relato:

¿Qué pasa con Vandor? “Todos admiten que deberá replegarse transitoriamente a la lucha gremial”. Más tarde se vio que esto era un eufemismo. El caudillo metalúrgico se replegó, sí, pero a los contactos militares que iban a fructificar dos meses más tarde con el golpe de Onganía.

– Se utilizan comillas para citar testimonios de los expedientes:

El testimonio de Fructuoso Hevia es aún más significativo por la posición privilegiada que tenía como observador desde la caja registradora. Dice:

“En un momento dado, las personas que habían llegado en primer término se levantan de la mesa presumiblemente con la intención de retirarse, y es en ese preciso instante que una de las personas del segundo grupo, se levanta de improviso, arrojándose contra los que ya se retiraban, comenzó a golpearlos, siendo repelida la agresión.”

– Entrevistas:

Volvimos otra vez al salón de La Real con Tiqui y con Rodríguez, subimos al coche de Castillo, el Fiat 1500, de color azul, a Rosendo, en el cual lo trasladaron Tiqui y Rodríguez al hospital Fiorito. Entonces me encontré con Armando y le dije que iba a ir hasta el Fiorito a ver qué es lo que había pasado con los muchachos que estaban allí. Ahí me trasladé al hospital y del hospital me trasladé hasta el Secretariado. Y ahí finalizó todo.

P.- ¿Y después usted tuvo que transportar las armas?

I.- Sí.

P.- ¿Y qué armas habían tirado?

I. -Bueno, habían tirado una 45; otra que se había trabado, con empuñadura blanca.

P.- ¿Esa, de quién era?

I.- Bueno, ésa era de propiedad del Secretariado.

P.- ¿Pero quién tiró con ésa?

I.- La tenía en uso esa, Tiqui.

P.- Esa se le trabó.

I.- Sí, igual que a Juan Ramón Rodríguez, que no tiró, que apareció ahí un revólver… el cual no pudo tirar porque se le trabó.

P.- ¿Y el arma de Cabo estaba disparada totalmente?

I.- Esa sí.

P.- Cinco tiros son esos.

I.- Seis tiros.

P.- Si es el especial de calibre…

I.- El corto. Cinco tiros.

P. – Cinco tiros. ¿Y qué otra había? La de Taborda, la de Vandor. La de Vandor, ¿cuántas balas tiró?

I.- Bueno, Vandor, en la puerta de adentro de municipales estaba con el arma en la mano y la tenía totalmente descargada.

Cabe aclarar aquí que según Imbelloni las armas de Taborda y de Vandor eran revólveres calibre 38.

– Elementos paratextuales:

Con la información obtenida a través de los testimonios y el expediente, se  anexa el plano o croquis de la escena en la confitería La Real y varias notas al pie que remiten a las fojas judiciales donde constan las declaraciones de las personas involucradas ante el juez.

  • Albert Chillón

Chillón, en su obra, cree que toda enunciación esta cruzada por algún grado de ficción. Es por eso que consideramos que ¿Quién mató a Rosendo? es un texto facticio porque su cuota de ficción se encuentra reducida al mínimo, y tiene un alto grado de veracidad y de verificabilidad. Esto puede verse en la representación y reconstrucción de los hechos observados como periodista, ya que esto tiene que ver con la intención de Walsh de presentar su “verdad”, a partir de una reconstrucción apoyada en los documentos y pruebas recolectadas, tales como el expediente de las fojas de la causa para construir las historias del caso donde toma las declaraciones de los testigos y acusados.

Estas técnicas  documentales utilizadas por Walsh, son propias del periodismo de investigación. Y esto se ve, en la observación minuciosa y descriptiva que realiza, característica de la crónica. Además, hay múltiples testimonios de los diferentes personajes, que dan al lector información del contexto (tiempo y espacio), que permiten atar cabos sueltos de la historia y que se complementan con las consideraciones del autor.

  • Tomás Eloy Martínez

En Ficciones verdaderas, el autor considera que uno de los deseos del narrador  es corregir la realidad, disentir de ella. Pero para que esta “corrección” tenga sentido, es necesario una realidad previa que ejerza gravedad sobre el narrador: una experiencia, una denuncia,  un dato.

En este caso, en ¿Quién mató a Rosendo? Walsh rehace la realidad, la rescribe e  interviene para esclarecer la batalla entablada por la CGT rebelde contra el vandorismo.

Según Tomás Eloy Martínez, toda escritura es un pacto con el lector. En el periodismo ese pacto está determinado por el lugar de la verdad. En otro de sus textos, El periodismo vuelve a contar historias, el autor dice en consonancia con esto, que de todas las vocaciones humanas, el periodismo  es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas; y que donde los documentos instalan una certeza, el periodismo instala una pregunta.

Por eso, el trabajo de búsqueda de testigos, de descubrimiento de los hechos, comprobados con la evidencia, dan cuenta que la verdad es el eje que mueve este trabajo. Y por ello, Walsh avanza hacia esa verdad, dudando, verificando, interrogando, a lo largo de todo el relato:

…”En la reconstrucción de los hechos que narro en este libro conté con la ayuda de los sobrevivientes Francisco Alonso, Nicolás Granato, Raimundo y Rolando Villaflor, y de su abogado defensor Norberto Lifschitz. La investigación en sí fue breve y simultánea a las notas. Cuando apareció la primera el 16 de mayo de 1968, ignorábamos aún los nombres de los ocho protagonistas “fantasmas” que la policía y los jueces no habían conseguido identificar en dos años”…

En toda ficción verdadera, dice Tomás Eloy Martínez, hay una complicidad entre el autor y el lector, un diálogo de iguales. El lector se reconoce en las experiencias que le ofrece el autor porque las reconoce como propias, como también en el lenguaje: sencillo y claro pero a la vez profundo y detallista. Es por ello,  que en este caso Walsh da por sentado que su misión “no es ser un héroe de los desprotegidos, sino mostrar un lado de la verdad oculta”.

  • Elinor Ochs

El autor señala en su obra que los relatos tienen un objetivo que realiza la construcción misma. En el caso de “¿Quién mato a Rosendo?” el objetivo claro de Walsh es aclarar si a Rosendo García lo mató una bala que vino de su mismo bando de compañeros.

En este relato hay descripciones que ayudan al lector a interpretar que fue lo que sucedió. Por ello, a través del libro trata de resolverse el asesinato, mediante la secuencia de hechos, explicando cada causa y cada acción.

En la trama aparecen elementos como entrevistas, testigos, pericias, que en su conjunto ayudan a desentramar este conflicto.

Ochs, también manifiesta que la actividad narrativa constituye un instrumento para armar identidades sociales y personales, como así también representar sucesos, pensamientos y emociones, y reflexionar sobre ellos.

En este sentido, ¿Quién mató a Rosendo? pretende dos cosas: en primer lugar, denunciar la connivencia de jueces, políticos y policías destinada a librar de culpa y cargo a Vandor y, en segundo lugar, probar que ese interés por salvar al dirigente gremial respondía al hecho de que éste era funcional al sometimiento de los trabajadores.